Quizá no resulte el nombre más atractivo a nivel turístico, pero esta zona de la costa gallega que custodia siglos de leyendas y naufragios marinos es uno de los más hermosos y salvajes parajes del Atlántico Occidental.
Por entre las localidades de esta Costa de la muerte y camino de Finisterre (ese punto que los romanos consideraban como el abismo que precedía al fin del mundo) encontramos una pequeña península abierta y azotada por el mar, Malpica de Bergantiños.
Situada frente a las islas Sisargas, y próxima a las parroquias de Buño (famoso por sus excelentes cerámicas), Barizo, Cambre y Cerqueda, esta pequeña localidad marinera de estrechas calles se abre al turismo, con un renovador plan en el que destaca la recuperación de su Playa Mayor.
Un arenal, excelente para la práctica del surf por sus vientos y oleajes, al que se ha incorporado un vistoso paseo marítimo por el que caminar. Un recorrido que puede llegar hasta ese balcón abierto que es el faro. De vuelta al pueblo, y tras rondas de buenos caldos mencía y ribeiro, dar buena cuenta de las raciones de pulpo con fabes, parrochas o pimientos de padrón en tabernas típicas como El Cachón puede ser el mejor de los cierres a nuestra visita.


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