La capital de la bella república irlandesa, máximo exponente de lo que se vino a llamar hace algunos años El Tigre Celta por su economía y oportunidades emergentes sigue siendo una ciudad joven y dinámica, cosmopolita, pero con todo el saber acumulado de su milenaria historia.
Esta mezcla de sabores, de tradición e innovación, es patente a lo largo y ancho de la ciudad. Especialmente en la zona del Temple Bar. Corazón dublinés, su oferta de ocio y cultura es suficiente para llenar de experiencias nuestra visita.
Son frecuentes los mercados allí celebrados, donde podemos comprar desde ropa de segunda mano hasta la tecnología más punta. Los sábados, el celebrado con alimentación biológica como principal reclamo es tan apetitoso como original. Unas ostras no suelen estar de más.
Las noches de los fines de semana hay una intensa actividad cultural gratuita en sus calles, a la que podemos llegar animados tras la ingesta de una de las glorias nacionales irlandesas, la cerveza Guinnes.
De museos también está sobrada la capital de Eire. Los dedicados a la fotografía, como la Gallery of Photography y la National Photographic Archive nos ayudan a conocer mejor este simpático país, como el imprescindible National Museum.


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