Enclavado en la parte noroeste del Principado, Boal, aunque goce de todas las mismas bondades naturales y paisajísticas de Asturias, no es uno de sus destinos más conocidos, pero desde luego si el más dulce.
No es para menos. La calidad de su miel, certificada con su correspondiente feria celebrada a finales de Octubre, es un fenómeno en el que participan prácticamente todas las familias del municipio, que cuentan con sus propias colmenas y producen una especialmente estimable, la de brezo.
No es la única de sus joyas. Los bombones, rellenos de amplias variedades que van desde las avellanas a los más surtidos licores, son una perdición. La feria, animada con música y cientos de visitantes, invita a probarlos como un modo más de disfrutar esa gran fiesta.
Desde Boal también parten numerosas rutas de senderismo, alguna de las cuales nos puede llevar hasta el Castro de Pendia. Para comer, además de las clásicas fabes asturianas, con almejas o jabalí o el pote asturiano, también son muy recomendables las carnes a la brasa que sirven en El Zángano o el pulpo de La Terraza.


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