No son pocos los que opinan que el pueblo turolense de Albarracín es el más bello de España. Razones no le faltan. Tantas como atractivos posee esta villa situada a los pies de los Montes Universales y candidata a convertirse en Patrimonio de la Humanidad, galardón que otorga la UNESCO.
Su arquitectura responde de la manera más eficiente a las necesidades de sus habitantes a lo largo de los siglos, configurando una arquitectura popular que se funde con la naturaleza, creando un escenario único de calles empinadas y estrechas que serpentean Albarracín y nos descubren joyas como su Catedral, la Iglesia de Santa María o la Plaza Mayor, que hablan de su esplendor medieval.
Tras las preceptivas visitas a alguno de sus museos, como el de la Forja pero especialmente al Museo del Juguete, es hora de disfrutar de su mesa y gastronomía local. Sopas de ajo o gazpacho como entrante, gachas o farineta de primero y ternasco aragonés o caldereta de cordero como principales forman una opción de menú más que estimable.


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