¿Cuántas veces hemos soñado con emular a Humphrey Bogart en el Café de Rick de Casablanca y decir aquello de “Tócala otra vez, Sam”? Visitar una de las ciudades más míticas y emblemáticas de Marruecos nos lo permite.
La combinación de elementos arquitectónicos propios del medievo musulmán con los coloniales de la década de los 30 del pasado siglo convierten a Casablanca en un lugar único dotado de una atmósfera muy especial. La antigua medina y la moderna mezquita de Hassan II hablan bien de ello.
Visitarla merece la pena, ya que está abierta a todo el mundo, incluidos los no musulmanes, ya que tiene capacidad para cerca de 200.000 personas, que pueden además contemplar el Océano Atlántico a 10 metros de altura, que lo convierten en el edificio religioso más alto del mundo.


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